
Increíblemente nos encontramos un día atados de las manos, sin vernos e imposibilitados de quitarnos las vendas. Pesaba la cabeza, los brazos, las piernas, pesaba el cuerpo, nuestros cuerpos.
Jamás nos contamos el mutuo dolor que sentimos durante esos meses en prisión. Pero yo podía ver el desgarro cotidiano en su corazón, y el mío me estaba matando.
Fueron días nublados, y a él siempre le ha gustado ver el sol. Días sin calidez, sentía desde el atardecer del día anterior el frío del día siguiente.
No estábamos bien. El tiempo y el espacio confabularon en nuestra contra para desgraciarnos la vida juntos. Y volví a preguntarme qué fue lo que hicimos tan mal.
Gracias. Hoy no vivimos el mismo suplicio, hoy nuestros cuerpos descansan en paz.
Jamás nos contamos el mutuo dolor que sentimos durante esos meses en prisión. Pero yo podía ver el desgarro cotidiano en su corazón, y el mío me estaba matando.
Fueron días nublados, y a él siempre le ha gustado ver el sol. Días sin calidez, sentía desde el atardecer del día anterior el frío del día siguiente.
No estábamos bien. El tiempo y el espacio confabularon en nuestra contra para desgraciarnos la vida juntos. Y volví a preguntarme qué fue lo que hicimos tan mal.
Gracias. Hoy no vivimos el mismo suplicio, hoy nuestros cuerpos descansan en paz.
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