
Y me fumo otro cigarro y digo nuevamente que es el último, nunca he fumado tanto, eso lo digo nuevamente también. Y otra vez pienso que es mejor salir que quedarse en casa sola, mientras enciendo otro cigarro, me voy convenciendo que debo estarlo, que lo estoy y que lo soy.
Grande y sola.
Otra vez llega la noche y tengo ganas de estar con alguien, con alguien que sólo quiera estar, que no me pida nada a cambio. Muchas veces me pregunto si la gente estará cada vez que los necesite como yo estoy para ellos, y tristemente no me respondo, lo prefiero así. Estoy llena de contradicciones, pero no me asusta ni me preocupa tanto, siempre lo he estado. Hace tiempo que siento que cada vez le creo menos a las personas por lo que he comenzado a profundizar mis creencias en lo extraño, en lo místico, en colores, en luces. Tengo la suerte de creer en vidas pasadas y cosas por el estilo, por eso no me quitan el sueño mis dudas sin respuestas. Además tengo cada vez menos sueño, es agradable mientras pienso que por cada minuto dormido tengo sesenta segundos menos de vida, pero a veces sólo quiero cerrar los ojos y pasar largo tiempo sin ver, sin escuchar, y la dosis aumenta y el vino siempre es menos, cada vez cuesta más conciliar el sueño. Y hasta para dormir me contradigo. No hay fin. No hay motivación.
Otro cigarro y esta vez no paro. No puede ser. Y juego con él, con el único que incondicionalmente siempre está y estará para mí. Se presta para mis fotos, para el ocio que se hace costumbre. La copa de vino no la dejo de lado. Se ha convertido en una compañera también, disfruto.
Comienzo a sentir mis libélulas, los colores que tanto me gustan. Mi cama se vuelve esponjosa, me consume. Escucho con distorsión, y empiezo a gozar el alivio de saber que no pasará mucho rato antes que por fin cierre los ojos. Bloqueo mis sentidos pero no es suficiente. La frustración de saber que sólo serán horas las que no estaré aquí, entregada. Ya no importa, ya lo hice, y voy de nuevo a dormir a la fuerza, drogada con precaución.
Grande y sola.
Otra vez llega la noche y tengo ganas de estar con alguien, con alguien que sólo quiera estar, que no me pida nada a cambio. Muchas veces me pregunto si la gente estará cada vez que los necesite como yo estoy para ellos, y tristemente no me respondo, lo prefiero así. Estoy llena de contradicciones, pero no me asusta ni me preocupa tanto, siempre lo he estado. Hace tiempo que siento que cada vez le creo menos a las personas por lo que he comenzado a profundizar mis creencias en lo extraño, en lo místico, en colores, en luces. Tengo la suerte de creer en vidas pasadas y cosas por el estilo, por eso no me quitan el sueño mis dudas sin respuestas. Además tengo cada vez menos sueño, es agradable mientras pienso que por cada minuto dormido tengo sesenta segundos menos de vida, pero a veces sólo quiero cerrar los ojos y pasar largo tiempo sin ver, sin escuchar, y la dosis aumenta y el vino siempre es menos, cada vez cuesta más conciliar el sueño. Y hasta para dormir me contradigo. No hay fin. No hay motivación.
Otro cigarro y esta vez no paro. No puede ser. Y juego con él, con el único que incondicionalmente siempre está y estará para mí. Se presta para mis fotos, para el ocio que se hace costumbre. La copa de vino no la dejo de lado. Se ha convertido en una compañera también, disfruto.
Comienzo a sentir mis libélulas, los colores que tanto me gustan. Mi cama se vuelve esponjosa, me consume. Escucho con distorsión, y empiezo a gozar el alivio de saber que no pasará mucho rato antes que por fin cierre los ojos. Bloqueo mis sentidos pero no es suficiente. La frustración de saber que sólo serán horas las que no estaré aquí, entregada. Ya no importa, ya lo hice, y voy de nuevo a dormir a la fuerza, drogada con precaución.
No hay comentarios:
Publicar un comentario