
Pisar las hojas secas en otoño.
Una hoja que cayó, que se desprendió. Cayó porque ya no podía sostenerse ni quiso ser sostenida por otro, por las ramas del árbol en el que creció. Y jamás volverá a subir, a aferrarse. No puede.
Abuso de su inevitable muerte, ayudo y apuro su desintegración, la piso sin consuelo, sin lástima.
Olvido que soy como ella, que cuando caí nadie me levanto y me pisaron, me destruyeron un poco más. Olvido también que no traigo zapatos, duele. Rasgo mis pies, y siento cada vez más intenso el dolor, el suave roce de la hoja en mi pie ha provocado una herida pequeña. Aumenta, crece la herida y el llanto me inunda como antes. No para de crecer. Me arrepiento.
Una hoja que cayó, que se desprendió. Cayó porque ya no podía sostenerse ni quiso ser sostenida por otro, por las ramas del árbol en el que creció. Y jamás volverá a subir, a aferrarse. No puede.
Abuso de su inevitable muerte, ayudo y apuro su desintegración, la piso sin consuelo, sin lástima.
Olvido que soy como ella, que cuando caí nadie me levanto y me pisaron, me destruyeron un poco más. Olvido también que no traigo zapatos, duele. Rasgo mis pies, y siento cada vez más intenso el dolor, el suave roce de la hoja en mi pie ha provocado una herida pequeña. Aumenta, crece la herida y el llanto me inunda como antes. No para de crecer. Me arrepiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario